lunes, 2 de noviembre de 2009

Jardín Por:Pablo Méndez




El mar se introducía por las grietas, y resonaba un gluc, gluc que asustaba a la niña Bárbara. Asimismo el jardín se poblaba de mariposas; los pinzones ascendían por entre las ramas, las torcazas se posaban en su hombro, las hormigas acarreaban cadáveres de grillos, las lagartijas corrían por doquier. Al caer chaparrones las aguas circulaban por los senderos y se imponía cruzar sobre puentes. Podía avistarse la bandera de un castillo elevado sobre un promontorio, y algunas veces, el jardín se volvía malo y atacaba con sus raíces las cimentaciones del palacete, encajándose en el hormigón para invadir las cabillas o hacer saltar los revoques de las paredes…
Dulce María Loynaz—laureada con el Cervantes—describía así su Jardín novelesco, en cuyas paginas trasmutó sus vivencias pueriles a su alter ego Bárbara, la niña de nombre rígido que en la adultez retornó al santuario para hallar sólo ruinas embebidas entre los ramajes.
Los sobrevivientes de la familia Sañudo, rama materna de Dulce María, decidieron asentarse en esta hectárea tras ser victimados por ladrones en su mansión del Cerro, acontecimiento que conmovió la opinión pública de la época. Dicha estirpe de abolengo a su vez propietaria de cuantiosos bienes y raíces, erigieron el proyecto del inmueble, procurando que los accesos a sus habitaciones fueran precedidos por las moradas de su servidumbre a manera de resguardo contra las arremetidas de los delincuentes. Pronto sus predios se multiplicaron con otras edificaciones al tiempo de comenzar a urbanizarse la barriada del Vedado en 1902, y en ese páramo costero repletado con exuberante floresta, corretearon Dulce María, y sus tres hermanos.
Del mismo modo en 1930 revoloteaban los pinzones tras ser espantados por las carcajadas de Federico García Lorca después de alojarse en la estancia como huésped de los Loynaz, Entretanto en sus aposentos, el intelectual mártir otorgó vida con su estilográfica a sus creaciones de Yerma y El Público.
Años más tarde, estrechaban sus manos por entre las ensortijas de las verjas, Dulce María y Pablo Álvarez de Cañas, la noche cuando ella franqueó la avenida, descolgó el auricular del traga monedas, y le preguntó: ¿aún te quieres casar conmigo? Pablo, (inmortalizado en la novela Fe de Vida) se chifló de amor por ella, tras leer una nota de la poetisa enviada a un amigo que fungía como director de una revista donde publicaban sus artículos. Aquel romance no correspondido, a causa de hallarse Dulce María casada con su primo Enrique de Quesada y Loynaz, se dilató por varios años, pero los encuentros y diálogos narrados en la novela sólo podrían ser comparables con escenas shespereanas.
Tras contraer nupcias, Dulce María abandonó la estancia para trasladarse a la casa de Pablo ubicada en calles E y 19, donde moró hasta su muerte en 1997, Mientras tanto, el resto de su familia continuó habitando la quinta, y fueron muriendo hasta que el ultimo de ellos, Carlos Manuel, (le llamaban el loco) falleció, y la servidumbre se mantuvo ocupando la instalación, al tiempo que otros individuos siguieron poblándola hasta convertirla en una ciudadela.
Hoy por hoy, la antigua mansión da cobijo a un total de 42 personas repartidas en 17 núcleos que desafían la potencial caída de las techumbres sobre sus cabezas. Los jardines se han convertido en herbazales, algunas cercas dividen dominios, y sus muros perimetrales se inclinan con peligro de desplome.
Me comentaba un amigo, en el momento de fotografiar los contornos del conjunto arquitectónico, que si remozaran este lugar, de seguro sería el mejor sitio para emplazar la sede de la UNEAC—Y le otorgo la razón—Si el Jardín amado de Dulce María recobrara su savia, mas su impronta cultural, exacerbarían las imaginas creativas de nuestros artistas al circular por sus vergeles. Tal vez elucubrarían los ojos de Oppiano Licario dislocándose por entre los matojos repletos de lagartijas amarillas como lo hubiera narrado Lezama, o quizás, Electra Garrigó degustaría una fruta bomba tomada de sus plantíos como lo concibió en su obra el dramaturgo Virgilio Piñera—Quién sabe—Lo cierto es que en la actualidad, la sede de nuestros intelectuales ocupa un caserón de la misma barriada cuyo propietario se ahorcó cuando el gobierno revolucionario expropió sus bienes. Además, en el tablado de su teatro el poeta Heberto Padilla aterrado por la seguridad del estado fue forzado a retractarse de sus ideales frente a las atónitas miradas de sus colegas.
Si en alguna ocasión te hallaras en las inmediaciones de la calle Línea y 14, te invito a recorrer el perímetro de hectárea donde se asentó el Jardín. Estoy convencido que reflexionaras con justeza.

Fotos de la casa de los Loynaz en Línea y 14




































Revolución versus time to change Por: Pablo Méndez




El concierto coincidió con el ochenta aniversario de la vieja. Toda la familia se apretujó ante el televisor. La primera botella de Havana Club cedió paso a la otra. La prole entonó el “Felicidades en tu día”. Mi viejuca apagó las velas con un extinguidor de CO2 (ella es muy escrupulosa, y con el soplado de tantas velas temía lanzarle un escupitajo al cake), y en la praxis, limpiamos con la lengua los platillos rebosantes de pastel, ensalada, y croquetas de bajo calibre.
Las estrellas del concierto “Paz sin fronteras” desfilaron por el proscenio y Olga Tañón tras derrochar torrentes de carisma, soltó riendas a su catarsis para gritar en spanglish: — ¡Is time to change!—Al instante mi madre se volvió para preguntarme— ¿Qué dijo?— le respondí— Viva la revolución—y repostó el chiste con otra exclamación de: — ¡Coño, que raro sonó! —, al tiempo que atronaron las carcajadas de los presentes con tanta espontaneidad—que reflexioné—porque amén de la jodedera, también descubrí que en vez de contradicciones había ciertas similitudes en dichas expresiones.
Tras el último trompetazo del concierto, le di un besote a mi madre, y me ajusté a las bondades de la línea recta para franquear el centro de la plaza y retornar a mi casa. Entretanto observé como la reluctancia del color blanco aún predominaba sobre la superficie de aquella explanada donde millares de bolsas de compras, y pomos plásticos, revoloteaban estimuladas por el viento. Sin embargo, mientras caminaba brotaron a mis pies incontables cadáveres de arañas peludas que yacían sobre el asfalto como víctimas colaterales del lance cultural.
El lunes me desperté temprano para escribir, me desayuné con café light, y como una rutina establecida por Monterroso, miré hacia la butaca y comprobé como el dinosaurio seguía sentado ahí. Entonces busqué los espacios abiertos de la calle por donde detonaban discursos y polémicas sobre el evento, y tuve la oportunidad de intervenir en algunos de ellos. Más tarde enchufé el TV, y a los pocos segundos Juan Formell (nuestro ícono de la adicción) asomó a través de un spot oficialista para balbucearnos en nuestras caras— ¡se hizo, se hizo!—
Tan pronto comenzaron a llegar informaciones desde la rivera miamense, pude acaparar un video del canal Mega, donde irrumpieron María Elvira y otros colegas para asegurar que Juanes fue el primero en exclamar en la plaza de la revolución —¡Libertad!, ¡Una sola familia cubana!, y ¡Viva Cuba libre!—, (lo cierto, es que yo ignoraba ese record del conocido eslogan de nuestros mambises), y en el decurso del programa, Fernando Del Rincón, (enviado especial de dicho canal) me cruzó, cuando delineó el perfil psicológico del cubano en tan sólo cinco horas—¡incluso!—encontró muchachos que ignoraban la existencia de Juanes, y Bosé. Supongo que no se halla topado con los mismos jodedores, que allá en Bariay, quisieron tomarme el pelo cuando pregunté: ¿dónde desembarcó Colón?, y me devolvieron un: ¿quién es él?
Bueno, entonces decidí husmear el DRAE por la comezón del día anterior, y encontré que la palabra “Revolución” esta asociada, entre otros conceptos, al cambio radical en instituciones políticas, económicas, y sociales de una nación, sin embargo, la palabra “Cambio” en su repertorio, es identificada más bien, para trueques de monedas, cambios de velocidad, etc. — ¡Muy señores míos! No quisiera imaginarme lo que hubiera sucedido si Olga Tañón hubiera sentenciado ante el publico comprimido en la plaza— ¡Is time to revolution!— ¡Bueno de entrada les aseguro que sus discos en vez de ser chapurreados con cilindro, los hubieran reventado con bombazos nucleares!
Tras la revelación, me embullé y busqué la palabra “Paz” y halle como término más ajustable a los propósitos del señor Juanes: El de sosiego y buena correspondencia de unas personas con otras, especialmente entre familias.
Empuñé mi cepillo dental, me incliné ante el espejo del baño donde asomó un tarajallú que se parecía a mi, y le pregunté—Chico, ¿cuál fue el logro de Paz sin fronteras?—y me sorprendí cuando el tipo me respondió— ¡Qué logro ni que ocho cuartos! Si las imágenes brotadas desde el otro ventrículo de la familia cubana fue de injurias, destrucción de discos en las calles, confrontaciones televisivas, y aseguraría que el señor Castro, (el principal culpable de este desmenuzamiento familiar), estaría desternillándose de la risa, y disfrutando del show, mientras exclamaría a sus acólitos:— ¡Miren como los tengo, fajaos como perros y gatos!— A la sazón, acepté el enfoque del intruso, elevé el pulgar para manifestárselo, y el tipo asumiendo la confianza que nadie le otorgó, usó mi dentífrico para cepillarse la boca.
A mí entender, y discrepando de la opinión del ente reflejado en el azogue. El concierto aportó sus pros, y contras, como todas las creaciones donde se involucra la mano del hombre. Y citaría como positivas: El lanzamiento al estrellato mundial de la talentosa Cucu Diamante. También agrego la prolongación por más de 30 segundos (nuevo record olímpico) de la congresista Ileana Ross en la pantalla de Cubavisión. Y además, embuto en el referido ajiaco, a nuestra juventud—que en proporción de 9 a 10—ansían emigrar para lograr un futuro más decoroso, y en esta ocasión, saboreó el derribo de rejas para procurarse mejor situación.
Los contras, están circunscritos a las finadas arañas peludas, y aprovecho la ocasión para denunciar a los organizadores del evento ante las sociedades de protección animal por la matanza de tales alimañas. Y también sugiero a las personas que desbocaron sus pasiones aplastando discos en la calle 8, que su conducta, sólo descorrió una imagen asociada al totalitarismo—memoricemos las quemas de libros en las calles berlinesas—y creo que con tales desenfrenos, están serviciando más a la dictadura, que exponiendo sus razones.
Y para concluir, cito que el gobierno cubano se libró de— ¡tremendo papelazo!—gracias a no surgir un gilipollas que regara “la bola” de encontrarse fondeada en el malecón una flotilla de embarcaciones con destino a Miami—porque de seguro—el trío de Juanes, Bosé y Tañón se hubieran quedado sin público, mientras Formell, hubiera asomado para balbucear — ¡Se escaparon, se escaparon!—

lunes, 26 de octubre de 2009

¡Jama, mucha jama! Por: Pablo Méndez


Lázaro fue intervenido hace tres años, le diagnosticaron cáncer, se sometió a un tratamiento de quimias y hace una semana el médico de familia le palmeó el hombro para comentarle: — ¡Lazarito ya puedes ponerte la capa de Superman, y ser tan rápido como un avión, y tan fuerte como un tren!—Seguidamente el galeno se transfiguró en un implacable Doctor House, y con su estilográfica estiró una línea sobre el nombre del citado paciente—o sea—de un plumazo le voló el cartucho a la asignación dietética por su enfermedad.
Asimismo una anciana llamada juanita, que aún puede recorrer algunos trechos de su hogar, (a pesar de sus 96 años), ahora tiene que emprender una marcha olímpica cuya meta es el policlínico para someterse a un conjunto de análisis sanguíneos, y de tales resultados dependerá si prolongan su dieta.
Francisca, otra anciana de 93 años fue favorecida, pero su salud es más precaria, ya que se encuentra encamada, y sus signos vitales son más débiles, debido a la irrupción de una ringlera de isquemias desembocadas en un derrame cerebral.
Por ende, los antedichos casos nos evidencian que para recibir los beneficios de una dieta alimentaria en Cuba, y sobre todo en tiempos de crisis financiera, los enfermos deben hacer equilibrios al borde de una bóveda sepulcral.
—Bueno, y ustedes se preguntarán: En qué consiste la tan nombrada dieta—Pues nada más, y nada menos que en el suministro de 9 porciones (le llaman novena) de 0,34 kg cada una, (en la mayoría de los casos consistente en asignaciones de carne de ave), distribuidas al consumidor durante tres meses en sucesión de 1,36 kg el primer mes; 1,02 kg el segundo, y 0,68 kg el tercero, y por supuesto, al concluir la remesa, recomienza otro ciclo. También se le adiciona mensualmente 1 kg de leche en polvo que puede ser descremada o entera según la enfermedad tratada— ¡yyyy!—Debemos agregar que hay diferencias dietéticas, porque otras otorgan volúmenes mesurados de viandas en vez de carne. La leche se perpetúa como una constante. Y en el caso de los pacientes con VIH esta se refuerza con carne de bovino, además, dicha canasta se expende en la red comercial del MINCIN a precios subsidiados.
La realidad expone que muchos de los consumidores ni siquiera entienden el complicado método de distribución—y por los comentarios surgidos—con seguridad, han sido estafados en disímiles ocasiones por los carniceros, cuyas balanzas siempre están desequilibradas a su favor.
Mensualmente la Canasta Básica también aporta— 3,2 kg de arroz— 0.25 litro de aceite vegetal—1,4 kg de azúcar refino—0,9 kg de azúcar crudo—un paquete de espaguetis de 0,45 Kg—un paquete de café mezclado de 0,11 kg—0,45 kg de carne de ave—0,3 kg de pescado—10 huevos—0,23 kg de picadillo mezclado con soja—0,14 kg de frijoles—0,14 kg de chicharos—0,5 kg de sal por núcleo—y 80 g de pan suministrados a diario, al igual que un litro de leche sólo asignado a menores de 7 años. Entretanto los niños con edades entre 7 y 14 años son recompensados con una bolsa de yogurt de soja (0,9 litros) que emergen por los expendios cuando al MINCIN le da la gana.
Haciendo un resumen matemático, en el que juntaremos todas las variedades de carnes asignadas por dieta, más canasta básica. Nos arroja como resultado que un enfermo consume en la actualidad, 2 kg de carne por mes, cifra que si la comparamos con el consumo de un ciudadano cubano en el año 1957 (sólo en carne de bobino) este engullía 2,6 kg al mes (según una edición del Diario de la Marina del propio año). O sea, consumía 0,6 kg más que los pacientes de marras— ¡Ah!— y vale la pena aclarar que las reses proveedoras de aquellos jugosos bistec eran cubanas, ¡tan cubanas como las palmas!—
También según el finado Dr. Viktor Frankl autor del libro “El hombre en busca del sentido” que narra su permanencia en los campos de exterminio nazi. Un prisionero de Auschwitz era alimentado diariamente con 300 g de pan, y dos litros de sopa— ¡señores en Cuba son asignados 80 g de pan, menos de un 25 % de lo que comían esos pobres hombres!—
Lo cierto es que “Esa gandofia llamada canasta básica” no le alcanza al cubano ni para comer por más de diez días –les aclaro para comer, no almorzar—, y tiene que exprimir sus bolsillos, desde luego, el que puede hacerlo, ante las balanzas de los agro-mercados.
Pero ya se escuchan las arengas de Catón pidiendo la guerra contra el “Parternalismo”. Tan presionados están por su incapacidad que ni siquiera pueden garantizar los suministros a los comedores obreros—y en estos momentos de desespero— ajustan sus miras hacia la canasta de racionamiento, cuya vocinglería que será comidilla para otro enfoque.
Bajé las escaleras del edificio, me lancé con premura hacia la panadería, al tiempo de encontrarme con un vecino que blandiendo un periódico Granma me mostró un comentario de Barredo.
— ¡Vamos a poner a Pánfilo Jama de presidente para resolver esto!— Le comenté al tiempo de señalarle con el reloj la proximidad del cierre.
— ¡Da lo mismo!—me contestó— ¡sería otro alcohólico más!—

Imagen y realidad de una dictadura latinoamericana por: Pablo Méndez



Los esfuerzos del régimen cubano por escorar a América Latina hacía la izquierda datan desde los inicios de su revolución.
No pocos han sido sus aventurerismos en pos de exportar revoluciones, cuya soberbia fue cercenada tras un tijeretazo de Moscú, cuando una mejoría de relaciones con EE UU demandó frenar los tentáculos de su satélite caribeño.
Mas tarde cayó el muro de Berlín y con tal desplome, la imagen del Castrismo fue oscurecida al ser precisado a calentar el banquillo de los acusados en Ginebra, tras una zancadilla de sus vecinos latinoamericanos, cuyos votos o abstenciones le emparrillaron en el horno de la vergüenza por sus transgresiones a los derechos humanos.
Sin embargo, la astucia del dictador cubano no se atrofiaría por el revés sufrido en la arena internacional. Pronto retomaría las plazas arrebatadas por sus antagonistas, sólo debía esperar el momento—como hace el depredador con su presa—y el oportunismo proveería las condiciones idóneas para el día D.
Y el día llegó. Mientras la OTAN lanzaba bombas sobre Serbia, Irak, y Afganistán, y la opinión publica ladeó su balanza hacía el anti belicismo, Castro abrió pórticos a sus legiones de médicos para diseminarlos por las selvas de la Amazonía y Centroamérica; donó hospitales, otorgó becas, envió asesores para alfabetizar a los pobres, invirtió fajos de billetes en campañas de candidatos alineados con sus pretensiones, y consiguió con su logística, lo que el tráfico de armas, las narco-guerrillas, y el terrorismo, no pudieron lograr durante décadas.
No obstante, después de sembrar más lápidas que Pinochet, romper el record de Trujillo en su permanencia antidemocrática, y dar escarmientos a gobiernos conservadores lanzándole las turbas de camisas rojas sobre las calles, la dictadura cubana ha ensalzado su efigie ante las conurbaciones Latinoamericanas
“Revolución cubana, gracias por existir y resistir”. “Aguante Cuba”. Pintaron en un paredón de la avenida Paseo, unos argentinos admiradores de Castro.
“El sistema cubano es el más democrático y equitativo que existe”, aseveró un indígena de las junglas del Orinoco, tras posar con su indumentaria de plumas ante las cámaras de Cubavisión.
“La revolución cubana mostró su justeza, cuando desalojó a la oligarquía de sus palacetes”, argumentó el mandatario ecuatoriano Rafael Correa, al ser invitado a dialogar sobre Cuba por el periodista Oscar Haza del canal 41 de Miami.
“Cuba tiene un modelo democrático, ordenado a la carta por su pueblo” algo parecido comentó el presidente nicaragüense Daniel Ortega en una conferencia de prensa.
Cuantiosas opiniones manifiestan su favoritismo hacia el régimen Castrista—pero tienen un factor en común—han sido sentenciadas por voces foráneas, cuyas perspectivas observan los toros desde la barrera.
— ¿Valdría la pena consultar a los cubanos?

Imagen y realidad de una dictadura latinoamericana (continuación) por: Pablo Méndez


Seis PM. Me siento en un murete para charlar con algunos conocidos. De frente una farmacia. A la derecha un quiosco. Por la izquierda un bache nos puntea los pelos cuando maniobran carros. Espero la llegada del más veterano de los tertulianos; se aproxima, toma asiento, abordo su mirada, y detono mi pregunta.
— ¿Cuántos años tienes?—
—Setenta y cuatro—
— ¿Votaste alguna vez, en elecciones democráticas y universales por un presidente?—
— ¡Jamás, nunca!— (dirigí la pregunta al resto, y tampoco recibí afirmación).
En el grupo hay descendientes de españoles; tainos, ítalos, afros, chinos, oriundos de otras regiones de la isla, ateos, cristianos, profesionales, obreros, buscavidas. Sólo nos funde una coincidencia. Todos somos cubanos.
— ¿Se sienten representados por los diputados?— (me miran como un extraterrestre catapultado por una nave espacial, pero se rompe la pausa)
— ¡Ya jode!, Carlos Lage era el más famoso de los fotografiados y jamás se paró en esa esquina para saludar a la gente o al menos preguntarnos, si teníamos problemas, si asumíamos algún desacuerdo con los de arriba. Los otros son una bandada de desconocidos. Además, el parlamento es un aparato disfuncional para los intereses del pueblo, nunca se ha escuchado a algunos de estos señores exponer las penurias de sus representados —
— ¿Entonces por qué votan por ellos?— (El mutismo se adueñó del coloquio, y el más pusilánime se levantó)
—Caballeros vamos a cambiar el canal, esto no cuadra, mejor hablemos de pelota…—
—… ¡De qué pelota vamos hablar, si la pelota no sirve!...—
—…Chico, yo anulo la boleta como hace la mayoría— (contestó el más joven)
—Pero si salen electos, eso es fraude aquí y en Hong Kong—
—Mira puro— (volvió a alegar el muchacho) —Si no lo hago me señalan y me hacen la vida un yogurt, tú lo sabes, tú no eres extranjero. En este país hasta los testigos de Jehová votan. Tenemos un policía metido en el cuerpo—
— ¿Pero les gusta este sistema, sí o no?—
— ¿A quién le puede gustar esta fábrica de miseria?, lo poco que tenemos lo heredamos de “los malos”, si hay túneles y urbanización en esta ciudad es por ellos. En cincuenta años el socialismo no ha levantado ni lo que destruyeron, medio siglo es tiempo de sobra para saber si un sistema sirve o no—
— ¿Y el bloqueo?—
— ¡Que nos quiten los Castro, y nos dejen el bloqueo!, de seguro tendremos mejor situación—
—Pero nuestros hermanos latinoamericanos tienen una opinión opuesta, cito un ejemplo: Un indígena del Orinoco señaló: “Que la revolución cubana es la forma de gobierno más democrática y equitativa que existe, además, clasificó nuestro sistema de salud y educación como el mejor del mundo”...—
—… ¡A nosotros no nos interesa si ese indio se mea en el río, y mucho menos lo que diga o piense sobre este sistema!, ¡es inconcebible que gentes que viven tan lejos vengan a hablar cáscaras de piñas en nuestras caras!...—
— Qué sabrá él, del plato de comida que nos sirven en nuestras mesas, cómo nos tratan en los policlínicos, o si nuestros hijos aprenden en las escuelas. La realidad de este país nos la tragamos nosotros, los cubanos de a pie, nuestra opinión es la que vale…—
—…Tenemos que sacarle el tenis de la cabeza a todos esos extranjeros. El futuro de Cuba sólo les incumbe a los cubanos. Esta situación debía resolverse de forma civilizada por nosotros, y sin injerencias—
— ¿Cuál sería tú formula?—
—Hacer un plebiscito, ¡claro está!, observado por todo el mundo, y donde votaríamos todos los cubanos, los de adentro y los de afuera—
— ¿Cómo el de Pinochet?—
—Exacto—
— ¿Marcarían el NO?— (algunos asienten con la cabeza)
— ¡Ahh, eso sería un sueño! — (Dijo el más temeroso, iniciando la retirada)
— ¡Y los sueños, sueños son!—

El General Por: Pablo Méndez






Los BMW ahuyentaban los vehículos como depredadores, y el general observó como la ringlera de mansiones que bordean la quinta avenida trotaban en sentido contrario.
Los escoltas agitaban brazos para hacer indetenible el tráfico, entretanto, las maquinas germanas devoraban en un santiamén los trechos de ruta adecuando la armadura de su blindaje sobre un acolchonado de aire—Lastima que no son rusos—comentó el general a su chofer, haciendo estallar un mar de carcajadas que fueron estranguladas cuando un subterráneo traspuesto al río les tragó de bocado, pero de golpe, la caravana se transformó en erizos con púas de fusiles AK.
Una explosión de resplandores desnudó la salida del corredor, y el general determinó ser el momento idóneo para echar un vistazo a los documentos del día, mientras los coches invadieron la calle Calzada, al tiempo que los neumáticos comprimieron un derrame albañal que asaltó con una chorreada de excrementos a un transeúnte.
…— ¡No quiero otro Yeltsin pediatra, ni reproducciones de Forrest Gump!—…pensó el general tras echar un vistazo al compactado de páginas donde le recomendaban más cambios en la decoración del gabinete, y alzó la vista para retrotraerse nuevamente con aquellas batallas guerrilleras que adornaron sus charreteras con más estrellas que los generales mambises, descorrió arrugas para mostrar una sonrisa, y no advirtió la proximidad de una multitud estirando filas para comprar huevos.
Los automóviles treparon por la calle Paseo, tras una zigzagueada cerca del frontis de un hotel en ruinas, y continuaron espantando carros por todo su itinerario, hasta que asomó la plaza de la revolución, y el general abandonó su fortaleza motorizada para penetrar en un bunker rodeado de pretorianos verdes.
Antes de pasar al despacho, el general con un ademán de su mano comunicó al ayudante—que no quería escuchar ni la cagada de un pájaro—se sentó al buró, desplegó el amontonamiento de papeles, y oprimió el botón del intercomunicador para hacer un encargo materializado al instante. Tomó la botella que apresaba un líquido transparente, la giró hasta aflorar su etiquetado, y suspiró tras contemplar el blasón heráldico con el águila bicéfala, hizo saltar la virginidad del frasco y rebosó con el brebaje un vaso.
Luego de saborear un trago, se incorporó para repantigarse en el sofá, miró los rostros de sendos pigmeos de ébano que custodian un estante, y le invadió la necesidad de rememorar nuevamente sus hazañas guerrilleras, accionó el interruptor y se zambulló en la oscuridad, puesto que como militar y jefe de estado también cumpliría estrictamente la ordenanza de ahorrar energía, cerró los ojos después de dispararse otro cañangazo porque de nuevo retornó a su memoria el olor de pólvora y las palmas de la Sierra Maestra.