lunes, 19 de diciembre de 2011

El Socialismo y su mecanismo de autodestrucción



Pablo Méndez. /cubanet



El 13 de diciembre, Oscar, un jubilado de 70 años y vecino de la calle Línea, entre 12 y 14 en el Vedado; advirtió un fuerte olor a gas en las proximidades del muro donde acostumbra a sentarse.
Buscó a la delegada del Poder Popular; “¡Uf, hay un escape de gas, eso es peligroso!” —Exclamó— Pronto llamaron a la Empresa de Gas Manufacturado; al día siguiente llegó un camión con 7 hombres, rompieron la acera para examinar el origen del escape y taponarlo. En las labores de búsqueda desgarraron las conductoras de agua potable y albañal; seguidamente rodearon el hoyo con cinta amarilla para prevenir a los transeúntes del peligro y antes de largarse dijeron: —“Ahora le toca a otra brigada resolver el problema”— Como consecuencia, el edificio donde viven ancianos y niños, quedó sin servicio de gas.
A las 24 horas los afectados llamaron a la empresa y los funcionarios indicaron que “la orden” estaba en manos del jefe de brigada. A las 10 de la mañana llegó un camión con 5 hombres; al verlos, una vecina preguntó:— ¿Hoy terminan el trabajo?—; pero los obreros respondieron que su responsabilidad consistía, en hacer la instalación desde la acometida principal hasta la línea de propiedad, la otra parte corresponde a otra brigada, así que no podían responderle. “¡Señores esto es criminal!”—Exclamó un ama de casa— “¡Aquí viven niños y viejos!”—“¡Niños y viejos hay en todas partes!”—Manifestó un obrero— “¿Entonces, cuál es la solución, salir pa la calle con carteles?”—“¡Pues salgan!”—objetó el mal humorado.
Para apaciguar los ánimos, un trabajador buscó un teléfono, llamó a la empresa y dijo que la “brigada del municipio” vendría más tarde, entretanto, el resto continuó trabajando, por cierto, no tenían herramientas y hubo que prestarle una segueta. Tras concluir el trabajo, rellenaron el hueco, sin embargo, la acera y el conducto albañal averiado quedaron sin solucionar por falta de cemento.
Nuevamente telefonearon a la empresa (la jornada laboral termina a las 5:30 de la tarde), pero a las 4:00, algunas oficinas no respondían a las llamadas—trataron de indagar con otros departamentos, pero las gestiones fueron vanas. Algunos afectados, gracias a la solidaridad, consiguieron cocinas eléctricas; pero al oscurecer, se produjo un apagón. —“¡Esto es el colmo!”—Gritaron— “¡Ahora sin luz y sin gas!”— “¡Oscar esta es tú obra!”— “¡Despreocúpate…pa la próxima dejo que toda La Habana vuele en pedazos!”
A la mañana del 16 de diciembre, aparecieron 2 operarios más, después de consumir varias horas en la recolección de materiales, por fin restablecieron el servicio; según la crítica especializada, la maraña de tuberías se reveló como una obra del arte chapucero moderno.
Felipe, de 82 años, otro residente del barrio, quien en la década de los 50 trabajó en la Standard Oil (Esso), estuvo al tanto del desarrollo del trabajo y observó, la comparsa de 14 obreros y dos camiones requeridos para resolver el problema.
“Este trabajo lo hacían un operario y un ayudante en una sola jornada laboral y con la calidad requerida,” —sentenció— ¿Cuál es la fórmula? “capataces competentes y compañías que paguen salarios decorosos”—respondió— “¡Señores, no se calienten más la cabeza con el Socialismo!”—Comentó otro vecino llamado Víctor— “¡Su mecanismo de autodestrucción, ya está apunto de estallar!”

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